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Los residuos tóxicos como estrategia
El valor comercial de la polución
(Residuos tóxicos y el Nuevo Orden Mundial, Parte II) por Mitchel Cohen
El comercio en residuos tóxicos es más que una industria lucrativa; también es una estrategia central del Nuevo Orden Mundial, una forma intencionada de cercar tierras y recursos -el mismísimo aire que respiramos- previamente de propiedad común y establecer el comercio en "derechos de polución." Es un medio de proletarizar a campesinos y aldeanos, llevándolos a nuevas formas de explotación del trabajo y de la naturaleza. Como la oposición al vertido de residuos tóxicos y a la incineración de basura peligrosa se apasiona, convirtiéndose en movimientos políticos masivos, hay un entendimiento creciente de que "ni las regulaciones gubernamentales ni el mercado capitalista son capaces de suministrar una protección adecuada para los ecosistemas naturales o para las comunidades afectadas por la contaminación medioambiental."
En diciembre de 1971, Lawrence Summers era el economista jefe del Banco Mundial. En esa capacidad, publicó un memorando sorprendentemente directo al personal superior del Banco Mundial llamándolos a planificar sus programas de ajuste estructural y renegociar los planes de pago de deudas para estimular las áreas relativamente poco contaminadas del mundo para que, entre otras cosas, aceptaran una "redistribución" más justa de los residuos y de la contaminación del mundo industrial. Esto sería un gran progreso hacia, como dijo, la rectificación del "desequilibrio" tóxico actual.
"Siempre he pensado," escribió Summers, "que los países de baja densidad de población en África están infinitamente subcontaminados; que es probable que la calidad de su aire sea ineficientemente más baja [en contaminantes], en comparación con Los Ángeles o Ciudad de México."
Summers, que redactó el Informe del Banco Mundial sobre el Desarrollo Mundial para 1992, afirmó que había desarrollado "la lógica económica que justifica que se vierta un volumen de residuos tóxicos en el país de salarios más bajos." Descubrió que la lógica era "impecable, y que debiéramos confrontar ese hecho."
"Se genera tanta polución con industrias que no se pueden trasladar (transporte, generación de electricidad) [que hace que] los costos de transporte por unidad de residuos sólidos... sean tan altos," se quejaba Summers. Por desgracia esas industrias no trasladables "impiden que se haga un beneficioso comercio con la polución del aire y los residuos" como se estipula en la Ley de Aire Limpio de 1991 para los contaminantes locales. En lugar de ilegalizar los contaminantes y los carcinógenos peligrosos, la Ley otorga "créditos de polución" -cuotas de destrucción ecológica- a las corporaciones y a las municipalidades en EE.UU. Aquellos que "contaminan menos" pueden vender sus créditos de "exceso" de polución -su "derecho" a asolar el medio ambiente - a compañías que rehúsan o que no pueden reducir sus residuos tóxicos y así siguen manteniendo sus niveles de beneficios -el "libre mercado" en su forma más brutal y salvaje.
Summers continuaba, burlándose de las quejas de los pobres que decían que su salud estaba siendo destrozada por el vertido de toxinas en sus comunidades. Por su pobreza, argumentó, los pobres jamás vivirían lo suficiente para contraer las enfermedades que la exposición a los residuos vertidos o incinerados causarían ordinariamente a gente que vive más tiempo -en otras palabras, aquellos que viven en EE.UU., Europa, y partes de Asia. "La preocupación por un agente que causa un cambio de un punto en un millón en las posibilidades de cáncer de la próstata," escribió, "será obviamente mucho más elevada en un país en el que la gente vive lo suficiente para contraer cáncer de próstata, que en un país donde la mortalidad por debajo de cinco años es de 200 por mil." Así, concluyó Summers, verter residuos tóxicos en áreas donde la gente ya tiene vidas más cortas, no preocupa a nadie.
En la visión del mundo de Summers, "los países pobres deberían explotar su 'ventaja comparativa' de salarios bajos, o acceso a los recursos naturales, o bajos estándares ecológicos," explican Russell Mokhiber y Robert Weissman, que fueron autores en conjunto de Corporate Predators: The Hunt for MegaProfits and the Attack on Democracy [Aves de Rapiña Corporativas: La Caza de Mega ganancias y el Ataque Contra la Democracia.] "Aunque pocos países se han 'desarrollado' con este enfoque, ha resultado muy efectivo para compañías como Nike, que ha aprovechado los bajos salarios en toda Asia, o incluso GM, que produce automóviles y camiones en México con la misma tecnología que en Michigan, pero con trabajadores con salarios más bajos. Los fabricantes de tecnologías contaminantes tales como los incineradores que están siendo eliminados en los países industriales, también se han beneficiado, porque pueden seguir funcionando, vendiendo a los países del tercer mundo. Los fabricantes estadounidenses que querían escapar las regulaciones medioambientales (tales como los fabricantes de muebles que utilizan adhesivos, disolventes, y pinturas tóxicas) se han aprovechado mudándose de sitios como Los Ángeles a México."
El ex activista de Greenpeace Jim Vallette (ahora en el Servicio Internacional de Información Comercial) sigue en la misma línea: Bajo las políticas del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, y ahora la Organización Mundial de Comercio, "el comercio mundial ha florecido con cargamentos desequilibrados: pesticidas prohibidos, gasolina con plomo, clorofluorocarbono, asbesto, y otros productos restringidos en el Norte, son vendidos al Sur; maderas tropicales, petróleo, carbón, y otros recursos naturales fluyen del Sur al Norte, con poco o ningún beneficio para las comunidades receptoras; y mientras las regulaciones se hacen más estrictas respecto a plantas de energía que usan carbón sucio y energía nuclear peligrosa en el Norte, proliferan en Asia, África, Europa Oriental y América Latina, donde son controladas y operadas por corporaciones del Norte.
"Este comercio ha sido facilitado con decenas de miles de millones de dólares de financiamiento por el Banco Mundial, la Corporación de Inversiones Privadas en Ultramar de EE.UU., y el Banco de Exportación e Importación de EE.UU., instituciones gubernamentales en las cuales Mr. Summers ha blandido su lógica económica. Su memorando de 1991 puede ser considerado una tesis de trabajo para las políticas económicas globales dominantes en esa década."
En 1992, la gente comprendió lo que significaba realmente el gran ardid de Summers para envenenarla aún más en nombre del "libre mercado." Causó un escándalo.
Greenpeace y numerosos defensores del planeta exigieron que el Banco Mundial despidiera a Summers. El Secretario del Medio Ambiente de Brasil, Jose Lutzenberger, escribió directamente a Summers: "su razonamiento es perfectamente lógico pero totalmente insano... Sus pensamientos [suministran] un ejemplo concreto de la increíble alienación, del pensamiento reduccionista, de la falta de misericordia y de la arrogante ignorancia de muchos 'economistas' convencionales respecto a la naturaleza del mundo en que vivimos... Si el Banco Mundial lo conserva a usted como vicepresidente, perderá toda credibilidad. Esto me confirmaría lo que he dicho a menudo... lo mejor que podría ocurrir es que el Banco desapareciera." Lutzenberger fue despedido poco después de escribir su carta.
Después de la publicación del memorando en el Economist de Londres en febrero de 1992 y el correspondiente revuelo en su contra de los países dependientes del imperio, el Banco Mundial fue llevado a un frenesí de contrición. Pero en lugar de indignarse por el horror de la devastación ecológica prescrita por Summers, las grandes corporaciones y los gobiernos de los países industrializados consideraron la proposición y la argumentación de Summers de manera bastante favorable. La expropiación del medio ambiente y la privatización de terrenos públicos es, después de todo, tan central para la acumulación de capital como la explotación de la mano de obra.
Sin comprender su dimensión de clase, muchos activistas ecologistas pensaron que con la nueva administración Clinton en Washington en 1993, se salvaría el medio ambiente, las cosas mejorarían, reinaría la paz y que Summers, en aquel entonces en el Banco Mundial, se iría. Al contrario, Clinton y Gore pudieron hacer pasar legislación en el Congreso - las medidas de fundación de NAFTA, GATT, y la Organización Mundial de Comercio, la "reforma" de la seguridad social, leyes nuevas que socavan por completo la Constitución (bajo el disfraz del "antiterrorismo"), vastos aumentos en los gastos militares, la devastación casi total de los últimos bosques antiguos y de secuoyas en Estados Unidos, la derrota de los movimientos progresistas de Haití y la continuación de la ocupación militar de ese país por EE.UU., la vasta promoción de alimentos genéticamente modificados y de la industria de la biotecnología, el continuo bombardeo y las sanciones contra Irak y Yugoslavia, el intento de desarticular los estándares orgánicos, la legalización de la irradiación de alimentos, y el colapso gerenciado de un movimiento otrora poderoso por la atención sanitaria universal gratuita -con una habilidad que hasta el ex presidente George Bush ha tenido que admirar. Incluso antes de llegar al poder, el presidente Clinton trató de nombrar a Summers a una posición de política nacional: presidente del Consejo de Consejeros Económicos del Presidente.
Los grupos ecologistas y otros grupos radicales se escandalizaron y lucharon contra su nombramiento. Por un tiempo tuvieron éxito. Pero el trabajo de Summers por cuenta del capitalismo global no podía quedar sin recompensa. El día después de la inauguración de Clinton como el 42º Presidente de EE.UU., nombró a Lawrence Summers como Subsecretario de Asuntos Internacionales en el Tesoro de EE.UU., una posición tradicionalmente responsable de "la formulación de la política económica de EE.UU. en el Tercer Mundo, incluyendo la política de EE.UU. respecto al FMI, el Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo. "En 1995, el medio ambiente estaba en peores condiciones que nunca antes, y había niveles récord de toma de ganancias en Wall Street.
También otros funcionarios del Banco Mundial ayudaron a elaborar la política gubernamental. Antes de su período como presidente del Banco Mundial de 1968 a 1981, Robert McNamara había sido, recordarán, Secretario de Defensa de EE.UU. y, en esa capacidad, el principal arquitecto del "campo de batalla automatizado," que el gobierno de EE.UU. aplicó en Vietnam, masacrando más de dos millones de vietnamitas y envenenando sus cultivos, sus tierras cultivables, y el suministro de agua para las generaciones venideras. Fue McNamara el que aprobó el uso del Agente Naranja y de otros defoliantes que envenenaron la tierra en toda la región, y al mismo tiempo las vidas de soldados estadounidenses. Al mudarse al Banco Mundial, McNamara ayudó a abrir Tailandia a la industria del comercio sexual y dirigió las políticas del Banco Mundial orientadas hacia la privatización de tierras utilizadas públicamente -las tierras comunales- en ese país, y las catástrofes ecológicas resultantes.
Estas estrategias se basan en la aceptación de la "reestructuración de la deuda" de países que deben grandes sumas a los bancos occidentales. (Si no aceptan ese protocolo, se les bombardea y sanciona hasta que lo hacen.) Aunque los bancos individuales quieren cobrar sus préstamos, el capital financiero global en su conjunto -tal como se refleja en la política gubernamental- no quiere que sus préstamos sean pagados por completo. Alienta el endeudamiento como un apalancamiento para lograr una serie de elementos que son críticos para la expansión continua del capital: 1) forzar a las clases trabajadores en los países endeudados a permanecer en su sitio; 2) eliminar ("cercar") las antiguas formas comunales de vida; 3) establecer los nuevos gerentes globales del capital -ONGs- para que intercedan en los nuevos movimientos "por cuenta de" la gente indígena, los trabajadores y los movimientos comunitarios, impidiéndoles que hablen con su propia voz sobre sus propias necesidades, y menguando sus victorias contra la imposición de relaciones capitalistas, a cambio de mejoras inmediatas (y temporales) en sus situaciones materiales dentro de esas relaciones; 4) claudicar en ventajas obtenidas en décadas de lucha; 5) presentar un pretexto para "equilibrar el presupuesto" en el interior, y suministrar así un pretexto para atacar los logros obtenidos aquí en los niveles de vida de los trabajadores; y, 6) desarrollar pequeñas clases capitalistas indígenas dependientes del capital global, y mantenerlas en el poder.
El Secretario del Tesoro Summers ha sido también identificado como "el astuto arquitecto de un esprint final alrededor del Congreso, que resultó en el paquete de rescate de 42 mil millones de dólares para México" de 1995, según el reportero del NY Times David Sanger. En la época en que aprobó el paquete de rescate para México de 1995, Summers trabajaba para el Secretario del Tesoro de aquel entonces, Robert Rubin.
En junio de 1998, el Secretario del Tesoro Summers fue el principal economista que formuló la ayuda financiera de EE.UU. al gobierno de Indonesia, mientras incendios masivos asolaban los bosques indonesios, y mientras sus militares se estaban preparando para volver a asesinar civiles en Timor Oriental. En una declaración del 25 de junio de 1998, el Secretario del Tesoro de Clinton dijo: "Saludamos el anuncio de hoy en Yakarta, de que el Fondo Monetario Internacional y el Gobierno de Indonesia han llegado a un acuerdo sobre un programa económico modificado, elaborado para estabilizar la economía indonesa. EE.UU. tiene un fuerte interés económico y de seguridad nacional en que Indonesia tenga éxito en esos esfuerzos, que dependerán de su capacidad de apoyar tanto las reformas económicas como las políticas. Consultaremos con las instituciones financieras internacionales y otros países del mundo para asegurar que el apoyo internacional para Indonesia sea suficiente para que enfrente los difíciles desafíos que confronta actualmente. Esperamos la oportuna aprobación por el consejo y el desembolso de estos fondos, así como de aquellos del Banco Mundial.
"También saludamos el anuncio del Banco Asiático de Desarrollo de que ha aprobado un préstamo considerable para mejorar las prácticas del sector financiero en Indonesia. Ese préstamo apoyará los esfuerzos por fortalecer el sistema bancario de Indonesia y es crucial para restaurar la estabilidad financiera y el crecimiento."
Incinerando Armas Químicas
Agréguese a la pesadilla el aparato militar de EE.UU., que desde cualquier punto de vista es el mayor contaminador en todo el mundo. El modo de pensar de los militares es tan insano que incluso cuando se les obliga a hacer lo correcto -por ejemplo, sacar del servicio una parte del mayor arsenal de armas químicas del mundo- utiliza invariablemente los medios más destructivos. En el caso siguiente, la incineración es su método preferido. Los militares escogieron Kalama -la Isla Johnston, un Refugio Nacional de Flora y Fauna- como el sitio para incinerar viejos misiles de la guerra química y otras armas similares.
Kalama -un territorio de EE.UU. a 825 millas al sudoeste de Hawai y a 1400 millas al este de las Islas Marshall- es una isla antaño idílica, de 56 acres, rica en vida marina y ornitológica, que fue expandida a 690 acres por los militares de EE.UU. y que ahora está contaminada con Agente Naranja y con plutonio. Conocida como JACADS, la instalación en la isla Johnston, que inició su funcionamiento en junio de 1994, es la única planta de incineración de armas químicas de envergadura de EE.UU. Ha sido diseñada para quemar el agente HD ("gas mostaza") y los agentes nerviosos GB y VX -este último ha salido mucho en las noticias recientemente, ya que EE.UU. pretendió haber encontrado indicios en el suelo alrededor de una planta farmacéutica en Sudán, que procedió a bombardear, así como en Irak, que adquirió precursores del agente nervioso de EE.UU. a fines de los años 80, a cuya pretendida presencia EE.UU. tuvo la misma respuesta irracional y asesina.
El Ejército dice que JACADS está siendo utilizado sólo: 1) para quemar el arsenal de armas químicas embarcadas al atolón en 1971 desde Okinawa (el Congreso prohibió el transporte de las armas de Okinawa al área continental de EE.UU.), y, 2) para quemar más de 100.000 proyectiles GB y VX del arsenal de armas de hace 30 años, transportadas desde Alemania en 1990. Los oponentes a JACADS, basados en Hawai, subrayan una historia de problemas peligrosos causados por la incineración, desde 133 soldaduras de calidad inferior en las tuberías, a explosiones en varias partes del horno que ya habían liberado pequeñas cantidades de agente nervioso GB a la atmósfera (en marzo de 1994), a la generación de subproductos inesperados de gas mostaza descompuesto. Señalan que la tecnología "de final abierto" utilizada por el incinerador de la Isla Johnston (y todos los incineradores de residuos) emite sustancias transportadas por el aire y carcinogénicos tales como dioxinas y furanos. Tales emisiones, y cualquier gas nervioso que se escapara, se establecen en la capa superior del océano circundante y pueden ser transportadas por los vientos a áreas pobladas, incluyendo la parte continental de EE.UU.
Hay alternativas mucho más seguras, de probada eficacia, para la incineración, igual que existen para la pulverización de insecticidas -pero, son más caras. Alternativas factibles incluyen el biosaneamiento con enzimas naturales, la neutralización química, y la "oxidación supercrítica" (usando agua). El gobierno de EE.UU., sin embargo, rehúsa aceptar que la protesta internacional que ha despertado su incineración de las armas químicas y el almacenamiento de los residuos, "obstruya" sus planes. El gobierno de EE.UU. trata de argumentar que semejante oposición viola las reglas de la Organización Mundial de Comercio que cubren el "libre comercio," sin impedimentos, con residuos tóxicos.
Mientras el resto del mundo trata de reglamentar el comercio internacional en residuos peligrosos, el gobierno de EE.UU. -el mayor productor de residuos en el mundo- se ha negado hasta ahora a firmar ninguno de los principales tratados que limitan los embarques al extranjero. Como era de esperar, tales "efluvios de la afluencia" son desastrosos para el medio ambiente y la salud de la gente. En una crucial conferencia internacional en Ginebra, Suiza (21 al 25 de marzo de 1994), Estados Unidos con sólo un puñado de países exportadores de residuos, se enfrentaron al resto del mundo y se opusieron a una prohibición de los embarques de residuos peligrosos a los países no industrializados.
El gobierno de EE.UU. ha tomado también la delantera en el bloqueo de una proposición de Mostafa Tolba, en aquel entonces jefe de ecología de la ONU, y de muchos países llamados "en desarrollo," que hubiera prohibido todas las exportaciones de residuos de 24 países industriales al resto del mundo. En el momento exacto en que EE.UU. estaba utilizando tácticas obstruccionistas contra un acuerdo en una conferencia internacional en Uruguay, para prohibir los embarques de residuos tóxicos, una barcaza estadounidense cargada con 8000 toneladas de sedimentos de Hawai navegaba hacia un vertedero en las Islas Marshall, en el Pacífico del Sur, que una vez fue idílico.
Jim Vallette escribe: "En 1994, a propósito, casi todos los demás países del mundo rompieron la "lógica económica" de Mr. Summers, -con su formación en Harvard- de descargar los venenos de los países ricos sobre sus vecinos más pobres, y se ponían de acuerdo en prohibir la exportación de residuos peligrosos de los países de la OCDE a países no miembros de la OCDE según la Convención de Basilea. Cinco años más tarde, EE.UU. es uno de los pocos países que aún no han ratificado la Convención de Basilea, o la Enmienda de Prohibición de la Convención de Basilea sobre la exportación de residuos peligrosos de los países de la OCDE a países no miembros.
La descarga de residuos líquidos peligrosos puede costar 2000 dólares por tonelada. Los gastos totales anuales llegan a decenas de miles de millones de dólares, compitiendo con el tráfico de drogas en las ganancias potenciales para los intermediarios. Mucho más barato, por lo tanto, es verterlos o quemarlos en el extranjero, a sólo una fracción del costo económico. Ciertamente, los países industrializados están bajo presión constante para encontrar nuevas regiones para desembarazarse de sus residuos. A fines de los años 80 y a principios de los 90, Somalia, Haití, y Guatemala se convirtieron en los últimos territorios elegidos por el Nuevo Orden Mundial de George Bush para descargar inmensas cantidades de residuos industriales e incinerados. En realidad, la descarga de residuos peligrosos, fue uno de los factores que impulsaron la intervención militar, en sitios tales como Somalia y Haití.
Meses antes de que EE.UU. enviara tropas a Somalia, supuestamente para proteger las líneas de suministro de alimentos contra los hurtos por los "malvados caudillos," Italia -un importante aliado de la OTAN que había enviado cientos de soldados a Somalia- estaba completando disposiciones para embarcar los residuos del sur de Europa a ese país, sin protesta alguna de EE.UU.
Las compañías italianas dirigían un consorcio que estaba involucrado en la construcción de dos incineradores que iban a ser instalados en Somalia, que se había previsto iban a tratar por lo menos dos embarques de 550 mil toneladas de residuos tóxicos por año, con una ganancia estimada de 4 a 6 millones de dólares.
Además, Nur Elmy Osman, el "ministro de salud" bajo el presidente de Somalia, Ali Mahdi Mohamed, firmó un compromiso por 20 años a fines de 1991 -un año antes de la ocupación militar de EE.UU. -con una compañía privada, Acher Partners, para permitir la construcción de otro incinerador cerca de Mogadishu y un vertedero para contener 11 millones de toneladas de residuos industriales y hospitalarios "tratados," incluyendo "residuos sólidos y líquidos de tipo tóxico." El jefe de ecología de la ONU, Mostafa Tolba, condenó el vertedero propuesto, diciendo que agravaría la destrucción del ecosistema de Somalia y amenazaría la pérdida de más vidas en ese asolado país. El teléfono de Acher Partners era el del hogar de una joven en Lausana, Suiza. Dijo que no tenía idea de lo que hacía la compañía.
Un montón de mercaderes y compañías sospechosas, igualmente emprendedoras en el "mercado libre", involucradas en residuos industriales y peligrosos, surgió virtualmente de un día para otro. Cuando Ann Leonard, de Greenpeace, llamó a Terra International -una compañía involucrada en embarques de residuos peligrosos a Guatemala- sus llamados llegaron repetidamente a la oficina de un cirujano plástico en Miami. Por su perseverancia, sin embargo, logró descubrir que Terra International, con negocios por miles de millones de dólares, era manejada por un individuo -el hermano del cirujano plástico- que usaba un escritorio en una habitación trasera de la oficina del cirujano. Pero las ganancias hechas por los traficantes en residuos tóxicos ascienden a decenas de miles de millones de dólares por año, comparables con las ganancias del tráfico internacional de drogas.
Muchas de las compañías son dirigidas por expatriados derechistas de países de Centroamérica y del Caribe. Las compañías tienen poco capital propio; utilizan sus contactos políticos en sus países nativos - a menudo juntas instaladas en el poder por la CIA y mantenidas allí gracias al apoyo financiero y militar del gobierno de EE.UU. - para organizar sus negociados tóxicos. Por cierto, ven la creciente catástrofe con los desechos en EE.UU., Europa, y Japón como "una industria en crecimiento," y la indigencia fabricada en países tales como Guatemala, Somalia, y Haití -conduciendo a la intervención militar de EE.UU.- como una oportunidad de ganar una fortuna en ganancias sin correr grandes riesgos ellos mismos.
Terra International, por ejemplo, basada en Florida, sirve de intermediario a Energy Resources, NV, de Holanda. Energy Resources, NV, obtuvo contratos para vender 1,2 millones de toneladas de residuos líquidos tóxicos por año a Guatemala, para ser quemados en un incinerador que aún no ha sido construido. No hay error, el país receptor "compraría" efectivamente el desecho, como un medio para obtener energía barata. Como incentivo, se "permitiría" a Guatemala que le mezclara sus propios residuos generados localmente y los quemara gratis, comprimiera los desechos tóxicos y los utilizara para construir viviendas.
A principios de los años 90, el gobierno de El Salvador aprobó que se construyera una instalación de tratamiento de residuos peligrosos en la ciudad de La Unión, que aceptaría tres veces el volumen de la unidad guatemalteca. El régimen salvadoreño comenzó a ampliar sus puertos para recibir las barcazas con residuos esperadas de EE.UU., Europa, y Japón. Mientras tanto, a pesar de intentos de llegar a acuerdos internacionales (que EE.UU., Canadá y Japón se negaron a firmar), hasta Panamá está husmeando excitadamente en la dirección de la incineración mientras el tórrido aliento tóxico del Tío Sam cosquillea el cuello de su Zona del Canal.
En lugar de reducir la producción de productos tóxicos y de desintoxicar los residuos remanentes, sobre todo subproductos de la producción industrial, muchas compañías han tomado el camino de American Cyanamid ¡descárgalos en ultramar! Para reducir el volumen de residuos, muchos gobiernos apoyan la incineración y el vertido de las cenizas -mezclando las cenizas como "ingredientes inertes," por ejemplo -como la opción más "amistosa hacia la ecología". Pero la incineración trae riesgos medioambientales adicionales -genera residuos en forma de cenizas en las que están concentrados los metales pesados, para no hablar de la dioxina y de otros gases peligrosos liberados al incinerar. Y sin embargo, los países que compiten por los millones de dólares en "ingresos disponibles," invitan al depósito de residuos industriales, saltándose los pocos controles que existen. Se induce a los países pobres a aceptar los residuos a cambio de préstamos del Fondo Monetario Internacional, que prescriben el uso de los fondos para proyectos de construcción de incineradores que también pueden servir como plantas de generación de energía.
La explotación masiva del medio ambiente en el "Tercer Mundo," incluye la conversión de residuos letales en mercancías, y el comercio internacional con ellos. También incluye la imposición por parte del capital de trueques de deudas por medio ambiente, la construcción de inmensos incineradores y vertederos, y muchos otros proyectos aparentemente sin sentido. Pero para el Nuevo Orden Mundial del capitalismo, esas son las formas en las que se expresa la crisis internacional de la deuda. El comercio con residuos no es una excrescencia evitable de la dominación imperial y de la globalización del capital, sino que es una parte esencial de ésta, exigiendo que nosotros, si queremos resistirlo efectivamente, desarrollemos nuevas formas de lucha y una nueva visión para recuperar nuestras vidas.
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